¡Saludos lectores de Pastando en Mulgore! Hoy tenemos el agrado de inaugurar una nueva sección dedicada al arte de escribir donde ustedes serán los protagonistas. Si escriben o alguna vez han pensado en escribir sobre las aventuras y desventuras de sus personajes a través de Azeroth y otros mundos y les gustaría ver sus historias publicadas donde mucha gente pueda apreciarlas y disfrutarlas, ¡a partir de hoy este será su lugar!

 

¿Cómo envío mi relato?

Mándanos un mensaje privado a nuestro Facebook escribiendo en la primera línea “Relatos de Azeroth” y adjuntando lo siguiente:

  • Tu cuento en un archivo de texto o PDF.
  • Titulo del mismo.
  • Tu nombre o seudónimo bajo el que desees que sea publicado.

Requisitos y normas de publicación

  • El relato enviado debe ser de tu autoría, sin excepción. Si lo has publicado en los foros o en alguna otra página adjunta el enlace para que podamos verificarlo.
  • No hace falta experiencia previa, solo ganas de escribir y mostrar tu trabajo.
  • Se agradece la buena ortografía, puedes usar el corrector incluido en los editores de texto.
  • Los archivos serán revisados antes de confirmar al autor una fecha de publicación, esto se hará con el fin de evitar “relatos trol” y afines.
  • Se publicará un relato por semana, la fecha de publicación se dará por orden de llegada de forma que sea justo para todos.
  • Se publicarán los relatos sin importar su extensión, de ser muy largos se ruega avisar en el mensaje de contacto para así dividirlo en partes (de preferencia en no más de tres).

 

Y como hay quien dice que hay que predicar con el ejemplo, en esta primera vez compartiré con ustedes un breve cuento de mi autoría, espero que lo disfruten y se animen a escribir y compartir con nosotros sus propias historias 🙂

 

Desventura invernal

Por Sunhee

 

Era una hermosa mañana invernal en Dun Morogh, un blanco manto de nieve inmaculada cubría todo lo que la vista pudiera alcanzar, el valle parecía brillar gracias a los débiles rayos del sol que se abrían paso entre las nubes.

Era la primera nevada de la temporada y Eladriel Canción de Luna sentía que estaba en un sueño, era la primera vez que veía nieve. No lo pensó dos veces, se quitó los zapatos de cuero y salió corriendo hacia el valle ignorando todo intento de los guardias de advertirle los peligros de la zona.

Cada paso se sentía como una bendición de Elune, muchas veces había escuchado relatos de las lejanas tierras enanas, pero nunca había tenido la oportunidad de salir de Darnassus. Corrió sin cesar hasta cansarse y se dejó caer en la nieve, cada bocado que exhalaba se convertía en vapor al entrar en contacto con el gélido aire, las nubes viajaban lentamente hacia el sur.

Entretenida estaba cuando notó cierto movimiento en la nieve, volteó su cabeza hacia el lugar y sus ojos no daban crédito a lo que veía.

— ¡Oh, una liebre alpina! ¡Ven aquí, amiguita! — gritó con alegría.

Se incorporó rápidamente y salió detrás del pequeño animal con la intención de atraparlo, pero antes de que se pudiera dar cuenta la liebre desapareció entre la nieve.

Frustrada por no poder atrapar a la saltarina alimaña se sentó en el suelo a pensar, entonces recordó los libros de animales que había visto en la biblioteca de su hermano mayor.

— Uhm… Veamos, los animales de las zonas frías son blancos para camuflarse con la nieve, eso quiere decir que por aquí debe haber muchos escondidos. — pensó mientras miraba a su alrededor.

La planicie blanca se extendía a varios cientos de metros a la redonda, lo único que irrumpía en esa albina monotonía eran las huellas que había dejado al corretear por allí y algunos pinos; eligió una dirección al azar y empezó a caminar lentamente prestando atención a cualquier cosa que pudiera ver u oír.

Marchó durante un buen rato, la vista le dolía por el reflejo del sol en la nieve y las puntas de las orejas empezaban a congelársele, entonces vio como a unos pocos metros la nieve se revolvía, como si hubiera algo moviéndose debajo. Corrió hacia allí y empezó a escarbar con cuidado, intentaba contener la emoción lo más que podía para no asustar al animal.

— ¿Qué amiguito se esconderá aquí abajo? ¡Oh, espero que sea un hermoso conejito! ¡O mejor, un adorable cachorro de oso! ¡No, no, una camada de leopardos de las nieves!

No paraba de remover la nieve queriendo adivinar qué se escondería hasta que se topó con algo cálido y peludo, escarbó un poco más para desenterrarlo.

— ¡Ven aquí pequeñín, no tengas mied… AHHHHHHHH!

El susto hizo que Eladriel cayera hacia atrás, un rostro se asomaba desde el hueco, el sucio, barbudo y algo congelado rostro de un enano. Antes de que pudiera hacer nada el enano comenzó a gritarle:

— ¡Aléjate de mí hoyo, rata de orejas largas! ¡Fuera! — gritó el enano mientras intentaba zafarse de la nieve.

— ¿D-disculpe…? — preguntó la elfa algo desconcertada.

— ¡Si, tú! ¡Fuera de mí hoyo, ya me oíste! ¡Aléjate de mí hoyo!

— ¿Su… hoyo? ¿Usted vive ahí?

Si el susto la había dejado antónita, esto la confundía aún más; no comprendía como alguien podía vivir en un hueco en medio de un valle cubierto de nieve, quizás se había perdido y no había conseguido volver a su pueblo. Mientras pensaba cómo lidiar con él, el enano había logrado desenterrar sus brazos y no paraba de gritarle y hacerle gestos de que se largara.

— ¿¡Eres sorda o esas enormes orejas son de adorno!? ¡He dicho que te largaras! ¡Fuera de mí hoyo! — exclamó el hombrecito sin dejar de hacer señas.

— Señor, ¿está usted bien?, ¿necesita ayuda?, ¿acaso no puede volver a su hogar? — preguntó Eladriel compadecida de la situación del enano.

— ¿Hogar? ¡Este es mi hogar, maldita sea, te lo he dicho mil veces! ¡LÁR-GA-TE!

Eladriel no encontraba la forma de razonar con el enano, pese a que era gruñón y grosero su aspecto daba lástima: el rostro cubierto de tierra congelada y nieve, la nariz completamente roja debido al frío, el pelo sucio y grasiento, llevaba apenas unas ropas de paño raídas y mugrientas a pesar del clima.

— Si quiere puedo llevarlo a Forjaz, estoy segura de que los guardias le proveerán de abrigo y comida caliente, luego le ayudarán a conseguir un hogar decente. — dijo inclinándose sobre el pequeño gruñón en un gesto de ayuda.

— ¿¡Qué!? ¿Sacarme de aquí? ¡Fuera de mí…! Oh, ya sé lo que quieres… ¡Quieres que me vaya para así poder robarte todos mis tesoros! ¿¡Eso es lo que quieres, no!? ¿¡EH!? Ya te voy a enseñar, ¡ya te voy a enseñar a robarme mis tesoros! — exclamó con vos iracunda mientras su rostro se volvía más y más rojo.

Empezó a desenterrarse rápidamente sin dejar de maldecir, Eladriel intentó incorporarse lo más rápido que pudo pero sus brazos y piernas no dejaban de temblar. Él ya estaba de pie, era más bajito de lo que pensaba pero extremadamente fornido, apretaba los puños con furia mientras clavaba su mirada iracunda sobre la pobre elfa.

— ¡Ahora te voy a enseñar a largarte de mí hoyo, rata ladrona! — gritó mientras levantaba los puños al cielo y se preparaba para abalanzarse sobre ella.

Asustada, Eladriel intentó retroceder como pudo, su mano derecha se hundió en la nieve y escuchó un chasquido seguido de un leve dolor.

— ¡Ey, tú! ¿Qué rayos crees que haces dañando mi territorio? — preguntó de forma brusca, olvidándose momentáneamente de su intento de ataque contra Eladriel.

La elfa levantó la mano y notó como unas gotas de sangre brotaban de una pequeña herida, un pequeño arbusto congelado se encontraba en el lugar, sus ramas sin hojas se habían vuelto punzantes.

— ¿¡Qué crees que haces!? ¡Te dije que dejaras mi territorio! ¡Lárgate de aquí!

— Ay, no… ¿Esto también es suyo? — preguntó con un deje de temor.

— ¡Eres sorda y además estúpida! ¡Claro que es mi territorio, yo mismo lo oriné! ¡Oriné aquí, allá, por allá y por ahí también! — exclamó mientras señalaba varios puntos alrededor de sí — ¡Mi territorio, mi hoyo! ¡Lárgate!

Eladriel dejó de escuchar cuando el enano dijo “orinar”, había orinado el arbusto, ella había apoyado su mano sobre el arbusto lleno de orina, su mano tenía orina de enano congelada. Levantó el brazo haciendo un gesto de asco y se sacudió la mano intentando limpiarla, cuando levantó la vista vio al hombrecito echando vapor hasta por las orejas.

— ¿¡Acaso mi territorio no es lo suficiente bueno para ti, señorita refinada!? ¡Primero te metes en mi hoyo, luego intentas robarme mis tesoros, destruyes mis arbustos y ahora desprecias mis tierras como si estuvieran llenas de peste! ¡Voy a sacarte de aquí pero a golpes!

Iracundo se abalanzó sobre Eladriel, pero antes de que pudiera golpearla se escuchó un aullido a lo lejos, el sonido cortaba el gélido aire haciendo eco por todo el valle.

— Nos encontramos de nuevo… — susurró mientras entornaba los ojos y giraba la cabeza hacia el origen del mismo.

Salió corriendo hacia su hoyo y se metió de cabeza para luego salir sosteniendo una cuchara de madera podrida y una pala para chimenea completamente oxidada.

— ¡Ya te voy a enseñar, perro sarnoso! ¡Ya te voy a enseñar a robarte mis tesoros! ¡Voy a tapizar mi hoyo con tu piel! ¿¡Me oíste!? ¡Voy a tapizar mi hoyo con tu piel y esparciré tus entrañas por todo mi territorio!

Agitó sus mortales armas en el aire y acto seguido salió corriendo hacia el horizonte sin dejar de gritar y maldecir a lo que llamaba “su más grande némesis”. Eladriel no se hizo esperar, no se quedaría allí a riesgo de que ese enano demente volviera, se incorporó y corrió lo más rápido que pudo hasta Forjaz.

Era una noche hermosa en Dun Morogh, los rayos de luna iluminaban las nubes y la nieve caía lentamente sobre el valle en una graciosa danza. Era la segunda nevada de la temporada, pero ya no importaba, Eladriel Canción de Luna odiaba la nieve.

11 comments

    • Si te animas a que sea publicado envíalo como se indica en el artículo y lo recibiremos con gusto 🙂

      Sunhee ~

    • Vaya, suena interesante! Yo tengo varios relatos que podría publicar…. Hmm, me agrada la idea!!!

    • La que escribe eso sos vos, así que no jodas! ¬¬”(?)

    • tú no te quedas atrás, perverso…mira que meterte con una tabernera…

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