¡Saludos! Aquí vengo hoy a traerles la segunda parte de este relato… ¿Curioso lo que sucede con Koya, no creen? Esperemos a ver que qué tal sigue su viaje, y lo que piensa su hermano, Powaq, al respecto de todo este asunto.

Fallout – Inicia el Viaje

por Rodrigo Rojas Britez

Finalmente, deseoso de averiguar qué estaba pasando, Koya decidió ir en busca de respuestas, y tras mucho discutir con sus padres, se había salido con la suya. Ya no era un niño de todos modos: con 25 años, ya era un chamán muy hábil, si bien con falta de la experiencia que tenía su padre u otros chamanes de su comunidad. Su hermano Powaqqatsi, un druida también hábil, decidió acompañarlo.

  • No hace falta que me lo recuerdes –frunció el ceño– Eso fue horrible.
  • ¿Entonces por qué lo haces?
  • Porque siento que es mi deber. –le respondió a secas– Velo como un viaje espiritual como los que hacían nuestros ancestros.
  • Ajá… Un viaje espiritual a un páramo radiactivo. –rió de mala gana– Koya: Mulgore es un páramo estéril; dudo que algo haya sobrevivido a semejante bombardeo atómico que lanzaron sobre esas planicies. Sin mencionar los misiles de los Renegados y su sucia Plaga. ¿Esperas en verdad encontrar algo allí? Tal vez sufras sólo algo de estrés o…
  • O tal vez ocurra algo de lo que tratan de avisarnos, y solo yo pueda recibir el mensaje.
  • ¿Siempre te quieres sentir especial?

Koya no respondió: una de las guardianas del muro bajó junto a ellos para interrogarlos. Era una elfa nocturna cuyo uniforme era idéntico a al de las Centinelas del pasado, pero que cubría más de su cuerpo y tenía un aspecto más blindado. Si bien usaba arco y flechas de resistente metal, lo normal era que usaran armas láser de gran calibre. Lo que los mellizos sospechaban –y tenían razón- era que dicha armadura, además de protegerlas, cubrían también ciertos defectos de la Guerra, pues muchas Centinelas habían sobrevivido al Holocausto, pero con evidentes señales de efectos secundarios como quemaduras de tercer grado, cicatrices, pelo caído, ceguera en uno o ambos ojos, entre otros.

Estas Centinelas, junto a varios guerreros tauren, custodiaban el muro que separaba a Feralas del territorio de Mil Agujas.

  • ¿Qué hacen aquí? –les preguntó la centinela con clara severidad– No hay nada que ver: regresen a sus casas.
  • Vamos a cruzar el muro.
  • ¿Disculpa, tauren? –la centinela preguntó a Koya de manera irónica– Creí haber escuchado que “van a pasar el muro”
  • Así es. Déjanos pasar, por favor.
  • Con mucho gusto: solo muéstrame la autorización firmada del Alto Consejo de la Mancomunidad Hyjal que solicita permiso para darte el paso libre y con gusto de abriré la puerta. O como mínimo un documento que te identifique como comerciante nómada autorizado. En caso contrario, regresa a tu casa y no me hagas perder el tiempo.
  • Tengo una misión espiritual que cumplir; con eso es suficiente.
  • Koya… No la hagas enojar.
  • ¿Una qué? ¡Keera, ven aquí! ¡Tú sabes tratar a los tuyos!

Una tauren, con el mismo uniforme que la elfa, bajó inmediatamente de la cima del muro. La elfa le informó de todo lo que los mellizos le habían dicho.

  • ¿Un viaje espiritual fuera del muro? –les preguntó la tauren– ¿Es en serio?
  • Si, y es importante que lo haga. Siento que hay algo allá afuera que debo descubrir.
  • Comprendo, pero allá afuera solo hay un mundo muy hostil regido por la muerte. Dudo mucho que encuentres algo.
  • Debemos averiguarlo, ¿No?
  • Las reglas dicen que no debemos dejar pasar a nadie sin autorización. –comentó Keera– Sin embargo, en vista de que será una mayor pérdida de tiempo convencerte de lo contrario, diremos que tú y tu hermano son comerciantes que irán al Yermo.
  • ¡¿Qué?! –gritó la elfa, sorprendida por la decisión de su compañera– ¿Estás completamente loca? ¿Sabes que les podría pasar?
  • Claro, Elois; y ellos también –dirigió la mirada a los mellizos– Están advertidos que si regresan, y vemos que representan una amenaza para la Mancomunidad, los mataremos. –concluyó tajantemente; luego se dirigió a uno de los puestos de control y oprimió un botón– Vayan bajo su propio riesgo, y que la Madre Tierra lo proteja.

Los mellizos comprendieron la advertencia de las guardianas y cruzaron el umbral que unía a su hogar del mundo exterior. Una vez fuera, dieron un último vistazo al frondoso bosque verde antes que la enorme puerta de grueso metal se cerrara. Ahora estaban fuera: detrás, estaba el muro que protegía su hogar, y uno de los pocos lugares intactos tras el Holocausto de Azeroth; adelante, una pequeña playa de arena que miraba hacia las aguas salobres que cubrían Mil Agujas.

Gigantescas rocas, desprovistas de vida vegetal, sobresalían del agua como inmensas torres semi-sumergidas. Ya en la playa, Powaq preparó un medio de transporte adecuado para iniciar el viaje: un bote inflable con un pequeño pero efectivo motor.

  • Explícame de nuevo por qué no volamos.
  • No tenemos monturas voladoras, Koya, y sé cuánto pesas: no pienso llevarte volando. Y dudo que en este recorrido de cientos de kilómetros lances tu hechizo de Caminata sobre el Agua cada 10 minutos.
  • Bueno, tienes razón. –miró la muñeca de su hermano mientras este colocaba el motor en el bote recién inflado– ¿Eso es un GnoblinBoy 5000? –Powaq asintió, mostrándole otro par– ¿Cómo demonios los conseguiste?
  • No por nada practico ingeniería desde que era un niño, hermano. Este es para ti: con el podremos llevar más carga sin problemas.
  • Muchas gracias –Koya se colocó el dispositivo electrónico de muñeca– Ahora dime, ¿Cómo llegamos a Mulgore?
  • Para alguien que dice realizar un viaje espiritual, anda muy perdido sin guía. –lo sermoneó su hermano; Koya lo ignoró frunciendo el ceño– Pues unos comerciantes con los que hablé mencionaron un asentamiento de la Tecnocracia de los goblin y gnomos más al este, donde se hallaba el Pueblo Viento Libre.
  • Entonces esa será nuestra primera parada.

Powaq colocó el bote en  el agua para poder subirlo; una vez adentro, encendieron el motor y se pusieron en marcha. Su viaje apenas daba comienzo.


Si tú también deseas ser el protagonista de esta sección, no dudes en mandar tu propia historia tal y como se detalla aquí. ¡No importa si nunca antes has escrito un relato, solo ármate de ganas e imaginación y anímate a participar!


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