¡Saludos! Espero que estén disfrutando de este agradable día, y hoy vengo a traerles el principio de la continuación de una historia que tal vez les sonará (World of Warcraft: Fallout) por parte de Rodrigo Rojas Britez. Aquí ya comenzamos a conocer a unos singulares hermanos, y cómo es la vida en ese Azeroth más distópico de lo habitual. Espero les guste.

Fallout – Inicia el Viaje

por Rodrigo Rojas Britez

Cien años pasados del Holocausto, Azeroth no era el mismo de la época de los grandes héroes y aventureros, que alguna vez se envalentonaron en explorar sus más recónditas regiones, buscar los más valiosos tesoros y luchar por su honor y su destino: vastas extensiones de los Reinos del Este, Kalimdor y gran parte de Pandaria eran páramos inhabitables a causa de intensa contaminación radiactiva, sumado la ocasionada por los bombardeos de la Nueva Plaga de los Renegados y una creciente desertificación; gran parte de Rasganorte yacía sepultado bajo metros de capas de hielo, y las múltiples islas del Gran Mar estaban tan aisladas que era difícil saber su condición, amén de las tormentas cada vez más violentas que nacían en él; además, el nivel del océano había bajado considerablemente, dejando al descubierto grandes extensiones de tierra. Buena parte de Azeroth era no apta para vivir, y su futuro era incierto.

A pesar de ello, varias regiones habían escapado de las llamas del Holocausto, manteniendo su habitabilidad a rangos que iban de lo mínimamente aceptable a lo más lozano; así también, pese a que los muertos se contaban por millones, el número de sobrevivientes era considerable. En estas tierras -y en otras más- estos sobrevivientes se habían formado nuevos reinos: La Cruzada Solar, El Magisterium, la Sociedad de las Sombras y La Iglesia Reformada de la Luz Sagrada se repartían en el norte y centro de los Reinos del Este; La Tecnocracia al sur de los Reinos del este y el sureste de Kalimdor; La Nueva República de Pandaria en el continente homónimo; La Confederación Exodar en las islas de Bruma; los Reinos Unidos de Uldum en la región homónima al sur de Kalimdor, y la Mancomunidad Hyjal, que a pesar de su nombre, se concentraba más en el centro-oeste de Kalimdor.

 

Precisamente dentro de los dominios de la Mancomunidad, dentro de los profundos bosques de Feralas, dos sujetos estaban iniciando un importante viaje:

Hacía tres días que habían iniciado su viaje, abandonando su hogar en Ciudad Ysera, el otrora puerto de Bastión Plumaluna, donde sus padres les otorgaron sus bendiciones: su madre, los abrazó a cada uno, con lágrimas en los ojos, deseándoles que regresen sanos y salvos; su padre también los abrazó, y les pidió que se cuiden el uno al otro. Cruzar los frondosos bosques húmedos de Feralas les tomó tres días de viaje en kodo: una vez fuera de la zona segura, deberían de recurrir a la motocicleta, pues no tenían suficiente información sobre los niveles de radiación, y menos sobre lo que podrían encontrarse allá fuera. El pueblo Mojache, el último asentamiento importante en el camino, había quedado atrás.

Ya habían oído los relatos de varios comerciantes que se adentraban al Yermo Central de Kalimdor a buscar mercaderías en las ciudades en ruinas o los oxidados vehículos de guerra abandonados tras finalizar la Guerra: animales mutantes y más salvajes que nunca, algunos convertidos en no-muertos a causa de los misiles cargados con la Nueva Plaga que los Renegados lanzaron sobre el continente, hongos venenosos esparcidos por la llanura, algunas tribus hostiles de orcos sobrevivientes y los necrocentauros, única descendencia de los centauros que siglos atrás aterrorizaron a los tauren: tras años de marginalidad de la sociedad moderna, sin apoyo de nadie y encerrados dentro de su propia cultura, fueron presa de las llamas del fuego nuclear, de la lluvia radiactiva, de la peste de la muerte en vida, del hambre, la anarquía, la desesperación…

Los mellizos tauren, ambos de suave pelaje blanco, cuernos negros, miraban pensativos el gigantesco muro de piedra y revestido en elementium, creado por los chamanes tauren sobrevivientes con el fin de repeler a cualquier enemigo que intentara entrar en su nueva tierra prometida: uno de los poco lugares en todo el continente que milagrosamente había escapado de la ponzoña del Holocausto.

  • ¿En verdad quieres hacer esto, Koya?
  • La verdad no, Powaq: te mentiría si te dijera que no tengo miedo de cruzar.
  • ¿Entonces por qué lo haces?
  • ¿Por qué me acompañas si no quieres ir? –se quejó– Ya es suficiente con que mamá haya hecho todo un melodrama por esto como para que su consentido me lo recuerde.
  • Porque eres mi hermano, y no quiero que te pase nada. ¿No es suficiente motivo? ¿O debo recordarte lo ocurrido en la Academia Malfuriuon?

El mellizo de ojos dorados Powaqqatsi, conocido más como Powaq, tenía muchos motivos para preocuparse por su mellizo Koyaanisqatsi, de ojos azules: unas semanas atrás, en la academia fundada por la viuda del famoso Archidruida, donde servían de ayudantes a los aprendices de druidas y chamanes, Koya sufrió un desmayo, seguido de fuertes convulsiones; Powaq fue avisado de inmediato para socorrer a su hermano, pero fue casi imposible controlarle. Varios aprendices, entre ellos un grupo de elfos nocturnos y un par de pandaren, salieron con heridas leves cuando trataron de acercársele.

Una vez calmado y en la enfermería, Koya regresó de su “trance”, y le dijo a su hermano que había tenido una “visión” y oído “voces” que le encomendaron viajar a Mulgore. Todo hubiera quedado como un caso de alucinación de no ser porque esas visiones continuaron los días siguientes, acompañados de casos de sonambulismo. Ni su padre, Kalo Cazacielo, un chamán bien experimentado, y mentor de Koya, fue capaz de comprender la magnitud del asunto que afectaba a su hijo. Creía que los espíritus buscaban comunicarle algo de suma importancia a su hijo, pero que no lo tenían fácil. Su madre, una druida llamada Arami Runatótem, no quería saber nada del asunto, lo que ocasionó varios roces familiares.

Continuará…


Si tú también deseas ser el protagonista de esta sección, no dudes en mandar tu propia historia tal y como se detalla aquí. ¡No importa si nunca antes has escrito un relato, solo ármate de ganas e imaginación y anímate a participar!


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