Continuamos con el anteúltimo y más extenso capítulo de la historia de la fundación del Ala Dorada, ¡ya casi llegamos al maravilloso desenlace y el fin de las interrogantes!

Valerian se encuentra mal herido, pero decide ponerse en pie y acabar de una vez por todas con la corrupción de su gente, deberá enfrentarse nada más ni nada menos que a Thera’dan, el mismísimo padre de Erylem que se ha unido a Kael’thas y la Legión. Mientras tanto, nuestra querida maga y Sirenia corren contrarreloj para salvar la vida de su querido amigo y comandante del Ala Dorada, ¡el tiempo se agota!.

Alzamiento, la fundación del Ala Dorada – Capítulo 12 (bis)

por Erylem Albaplateada

 

Las dos elfas se habían internado en el lugar, expectantes de cualquier cosa que pudiese ocurrir, al interior se hallaban múltiples pasillos y pasadizos hacia todas direcciones, sin duda alguna el lugar era demasiado grande para que lo exportaran solas, junto a ellas un grupo pequeño de cinco errantes habían ingresado, otros tantos se habían quedado en la retaguardia atentos a que ningún enemigo los atacase por la espalda.

— No tienes idea del riesgo que estamos corriendo aquí —mencionó Erylem.

— No es necesario que lo digas —respondió Sirenia— aquí quien está a cargo soy yo, aparte de cumplir con mi deber debo protegerte, si algo te pasa Valerian estará muy molesto conmigo.

— Sé cuidarme sola —dijo Erylem.

— Si, claro… quizá sabes cuidarte del consumo excesivo de cristales de maná, pero esto es muy diferente.

— No es momento para que te burles de….

Un ruido estremecedor invadió los pasillos proveniente de una de las habitaciones contiguas.

— ¿Qué fue eso? —preguntó inquieta Erylem.

— No lo sé, pero evidentemente no es algo bueno.

— Pues entonces debemos ir a ver que es…

Sirenia sostuvo a Erylem tomándola de la muñeca con una de sus manos.

— ¡Espera!, las patrullas están recorriendo los pasillos, será mejor que no te aceleres.

Erylem se contuvo repentinamente, su mirada se desvió al rostro de la errante que sin duda parecía muy nerviosa por la situación en la que estaba, era normal que los errantes se sintieran inseguros en medio de pasillos tan estrechos, pensó Erylem, sin embargo dicho ruido había sido una alerta, podría significar la presencia de Valerian y sus unidades.

— ¡Andando! —susurró Sirenia.

Frente a ellas se hallaba un salón principal, el primero en la gran plazoleta que conducía a la Abadía del Magister, si no habían visto tropas enemigas hasta este momento allí dentro encontrarían las primeras. Sirenia fue la primera en atravesar el velo elegante que dividía la habitación del pasillo, lentamente, con el sigilo con el que una cazadora acecha a su presa, su arco junto a una flecha tenzada lista para ser disparada, justo atrás Erylem, que sostenía una pequeña espada gladia ornamentada, a pesar de que ella prefería usar su magia en dicho espacio cerrado no tendría tiempo de conjurar ningún hechizo si un enemigo le tendía una emboscada.

Una vez atravesado el corto pasillo Sirenia observó el interior del lugar, al verlo tuvo la certeza de que un combate se había realizado en él, avanzó con sigilo, observando cada extremo del salón vigilando que ningún enemigo permaneciera a la vista, en el suelo varias tropas tanto aliadas como enemigas parecían inertes. Sin embargo, un susurro se escuchó en el lugar, era la voz de un moribundo próximo a cerrar sus ojos.

— Ustedes… —dijo la voz evidentemente debilitada y frágil.

Sirenia lo observó con detenimiento, sin duda alguna era uno de los acompañantes de Valerian enviados por parte de la Avanzada Sol Devastado, se aproximó cautelosamente, cuidando que no se tratase de una trampa.

— No te preocupes… ellos ya… se fueron…

El elfo sobre el suelo comenzó a toser agresivamente. Sirenia se aproximó a él para medir sus signos vitales, se agachó sigilosamente al lado del cuerpo y aproximó su mano a su cuello cubierto de sangre.

— Todavía tienes pulso, aunque es algo irregular —susurró la elfa.

— No te preocupes por mi… —dijo el elfo sonriendo forzadamente— Preocúpate por tu líder…

Sirenia miró sagazmente al elfo.

— ¿Líder? No te referirás a…

— Valerian —replicó el elfo antes de toser nuevamente— Lo… capturaron…

Sirenia apretó su arco con fuerza, evidentemente molesta por la noticia dada por el moribundo elfo.

— ¿Por qué me haces esto, Valerian? —susurró entre dientes— Sabes que vine aquí para estar a tu lado, para que luchemos juntos, no tenías que dejarme sola.

Las lágrimas parecían intentar asomarse en el rostro de la forestal, viniendo tan inesperadamente como el caer de las hojas de otoño en su precioso bosque, sin embargo, se obligó a si misma a contenerse, no era propio de una elfa en su posición alivianarse por las malas noticias del frente, ya había experimentado ese dolor antes.

— ¿Qué pasa aqui? —preguntó Erylem acercándose a Sirenia y al guerrero herido.

— Nada —dijo Sirenia apartando su rostro de la mirada de Erylem.

El elfo herido las miró intrigado, para luego sonreír plácidamente.

— Deben rescatar a Valerian, se lo llevaron al interior del recinto… el….. todavía…

La mirada del elfo se desvió al techo, perdida, su voz se acalló sin decir lo que parecía querer comunicar a las elfas, su boca permaneció abierta pero inmóvil, ambas elfas lo miraron, sabiendo lo que había sido de aquel joven caballero que se había partido ante ellas.

Sirenia acercó su mano a su cuello, pero esta vez, no pudo sentir el pulso irregular que había tenido antes, se apartó de él y se levantó.

— Tú, vigila si hay alguien más con vida de los nuestros y cuida esta posición, yo iré en búsqueda de Valerian.

— Espera…

Sirenia corrió velozmente hacia el pasadizo que daba paso al interior del bancal, dejando a Erylem sola en el lugar.

— ¿Quieres seguir con esta insensatez, Valerian?


Valeriaan sin duda alguna se encontraba herido y debilitado, sin embargo su determinación era fuerte y objetiva, asesinaría a Thera’dan Albaplateada antes de morir.

— Por supuesto que sí, ni tú ni tu maldito príncipe vencerán a los sin’dorei.

El elfo vil soltó una carcajada bulliciosa y escandalosa que hizo eco en la gran sala.

— Es un desastre que tú, que tanto te esmerabas en proteger a tu pueblo… —Valerian sostuvo su espada magna Asil’dereth y cargó violentamente contra Thera’dan— Que tanto te esforzaste por proteger nuestras tierras, quien luchó para salvar su familia y su legado de la plaga…

Valerian dio un golpe con suma destreza en el cayado de Thera’dan, quien trataba de igualar la destreza en combate cuerpo a cuerpo dominado por el comandante, varios golpes de la espada lo hacían retroceder y se veía imposibilitado de contraatacar.

— ¿Cómo puedes venir a ser tú quien le haga tanto daño al pueblo por el cual antes ofrecerías tu vida por defenderlo?

Un violento golpe de Asil’dereth rompió el bastón de Thera’dan en dos partes, este retrocedió intrigado y sorprendido por la determinación de Valerian.

— Tú no entiendes nada, no sabes el infierno, no sabes la sed, no conoces el hambre, las ansias y el poder. No conoces la pérdida, el fracaso, y la desesperación, no sabes… lo que es perder a alguien….

Thera’dan comenzó a conjurar una energía maligna entre sus manos, Valerian lo observó y cargó inmediatamente contra él.

— ¡Tú… no sabes nada! — Thera’dan disparó la energía vil de sus manos, haciendo volar a Valerian varios metros hacia atrás.

El guerrero cayó al suelo, indefenso, su espada había caído fuera de su alcance.

— Claro que lo se, tú me la arrebataste…—dijo Valerian en un susurro.— Ella te prefirió por sobre mí…

El conjurador se acercó caminando hacia el cuerpo debilitado de Valerian

— No sabes lo que le pasó —dijo Thera’dan, a lo que Valerian lo miró fijamente sin desviar su mirada— Decidió seguir a ese maldito…. decidió largarse con ese cazador de demonios, luego de pensar que yo no era digno de mi legado, que yo no era digno del apellido Albaplateada, que al aceptar el regalo de la Legión y transformarme en lo que soy no era mas que una aberración para ella… maldita… maldita…

— ¿Qué estás diciendo? —dijo Valerian evidentemente sorprendido.

— No importa que lo sepas, de igual manera morirás aquí mismo.

— Dime donde está Valari.

— Seguramente está muerta, así como tu lo estarás en unos minutos.

— Pero ella…

— Ella traicionó al príncipe cuando vio que su nuevo amo se había transformado en Legión —lo interrumpió Thera’dan.

Valerian no pudo digerir las palabras que estaba escuchando, durante meses había escuchado acerca de Illidan Tempestira y su ejército de nagas y elfos de sangre, sin duda alguna su visión acerca de su pueblo ejerciendo servidumbre a un mitad elfo mitad demonio no le resultaba agradable, sin embargo, descubrir que Valari Albaplateada se había marchado con el cazador de demonios era algo que sin duda alguna le había afectado notablemente.

— Entiendo tu dolor —susurró Valerian— Sin embargo, todo esto fue causado por las desiciones que tomaste.

— ¡No me vengas con sermones! —dijo cortantemente el conjurador— Sin importar eso ahora, tu morirás aquí, al diablo la orden del príncipe, tu existencia no se prolongará mas.

Una flecha atravesó velozmente el cuarto impactando en la espalda del thera’dan, quien giró rápidamente su mirada hacia atrás, justo ahí, una elfa errante apuntaba su arco y su mirada fijamente hacia él.

— ¿Qué? —dijo Thera’dan sorprendido— ¿Qué pasó con esos malditos guardias? ¿No pudieron proteger la entrada del recinto del príncipe?

— Sire… nia… —dijo Valerian alzando su mirada todo lo más que se lo permitía su debilitado cuerpo.

Sirenia miró a Thera’dan con desprecio, tomando otra flecha de su carcaj y apuntándola directo su pecho.

— No intentes nada —dijo fuertemente la errante— si mueves un solo dedo clavaré esta flecha en tu maldito corzón vil.

— ¡Erylem! —dijo Sirenia alzando la voz— Ve y ayuda a Valerian, descuida, no dejaré que ese maldito elfo demonio haga nada.

Erylem apareció en el lugar, un salón majestuoso y elegante en el cual reposaban varios cristales viles traídos por los sirvientes de Kael’thas, desde la entrada descendían unos escalones hasta el centro donde se hallaban Valerian y el conjurador vil separados por unos pocos metros. Se aproximó dirigiendo una mirada apenas furtiva a Thera’dan sin reconocerlo. Se arrodilló ante Valerian e inspeccionó sus signos vitales, que aún se encontraban estables.

— Todo está bien —dijo ella a Sirenia.

La forestal sonrió complacida por la noticia.

Erylem giró para observar nuevamente al elfo vil, mirándolo esta vez más detenidamente al rostro, acto correspondido por el sujeto quien detrás de la cáscara desagradable de demonio que había desarrollado la miraba con un rostro inmutable y extrañamente pacífico. Segundos interminables que parecieron decenas de minutos transcurrieron en aquella escena inexplicable que Erylem experimentaba al mirar a dicho sujeto. Una sensación de paz la envolvió, indescriptible.  Se agachó para recoger a Valerian del suelo, ayudándolo a levantarse sin desviar ni un solo segundo su mirada de aquel elfo demonio.

Sirenia sonrió ligeramente, apuntando su flecha a Thera’dan, un silbido atravesó el aire, y una veloz flecha impactó en su pecho, justo en el corazón, destrozándolo por completo. El elfo cayó al suelo instantáneamente, Erylem no sintió dolor, no sintió amor, no sintió alegría ni tristeza, mientras veía al conjurador caer, no pudo sentirse feliz de ver a un siervo de Kael’thas ser abatido.

Las elfas dirigieron su atención al estado en el cual se encontraba Valerian, sumamente herido y debilitado por la batalla.

— Eres increíble —susurró Sirenia— ¿Cuánto tiempo estuviste luchando solo contra ese demonio?

Valerian no pronunció palabra alguna.

— Si venías a acabar con Kael’thas debiste avisarme, hubiera venido contigo.

— No, no venía a eso.

— ¿Entonces? ¿Por qué?

Valerian permaneció en silencio mientras pasos se escuchaban venir por detrás, eran los errantes de Sirenia acompañados de fuerzas del Sol Devastado.

— ¿Están todos bien? —preguntó uno de los caballeros de las fuerzas aliadas.

— Sí, pero debemos tratar sus heridas rápidamente —dijo Erylem mirando a Valerian.

— De acuerdo, pero salgan de aquí, este lugar no es seguro —dijo el caballero— Nosotros reforzaremos esta zona.

— ¿Qué pasará con Kael’thas? preguntó inquietantemente Valerian.

— No se preocupen, un grupo de aventureros ha ido por él.

Erylem no podía dejar de preguntarse quién habría sido el conjurador vil que yacía muerto en el centro de la habitación.

 

Continuará…


Si tú también deseas ser el protagonista de esta sección, no dudes en mandar tu propia historia tal y como se detalla aquí. ¡No importa si nunca antes has escrito un relato, solo ármate de ganas e imaginación y anímate a participar!


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