¡Saludos! Y buen sábado para todos, espero que la estén pasando bien y esas cosas… Aquí aparezco luego de haberme peleado con mi vena creativa, debo comentarles que no tenemos la mejor de las relaciones. En fin, no solo vengo a comentarles sobre mi tediosa relación con mi musa, sino que a traerles la historia de uno de mis personajes, en este caso mi muy querida Ghalathea… No les diré mucho más de ella, salvo que aquí conocerán una faceta que pocos han visto, y por pocos me refiero a que tal vez sean los primeros en verla. Espero les guste.

El Sol Eterno ¿Nos guía?

por Berc’arte

Decir que tenía el corazón estrujado, hecho trizas, separado en partes y pisoteado por varios caballos podría sonar exagerado, pero aún así sentía que era una manera breve y bastante leve de describir su estado. Sabía que por la naturaleza de una guerra, y del oponente en cuestión, era lógico esperar que hubiera bajas. Ella misma había dado fin a un montón de vidas en tales casos. Había observado de primera mano la caída de su propia familia, sintiéndose tan ajena a la situación que su sentimiento de culpa no había tardado demasiado en aparecer. Lo sabía, lo sentía en cada tramo de su existencia, en el aire que respiraba, en el contacto con la suave brisa. Con sus estúpidas ideas de ser más, de ganar la atención, se apartó de todos, y así como se apartó los perdió.

La historia se repetía nuevamente. En el momento en que algo le daba sentido a sus días, el separarse y el destino le jugaban una muy mala pasada. ¿Este era el premio a pagar por su soberbia? ¿Por su orgullo? ¿Por sus celos? Creía haberlo pagado ya, pero parecía que eso no era suficiente, nunca sería suficiente. No hasta que se desprendiera totalmente de todo sentimiento egoísta, mientras tanto, el destino, la vida, lo que sea, le jugaría aquellas jugadas tan desagradables, arrebatándole lo más importante en sus narices, en el segundo en que desviara la mirada al costado, lo único que tenía caería como un castillo de naipes.

Dejó caer los hombros, totalmente extenuada. En una actitud reprochablemente infantil, se hizo un ovillo en su lecho, observando su mirada en el anillo que sostenía en su mano. A decir verdad, aquel no era propiamente suyo, pero al momento de intercambiar el propio con aquel le había sonado una buena idea. ¿Acaso no tenía derecho a conserva un recuerdo de aquel sentimiento que había desestabilizado todos sus planes? El destino no podía ser tan cruel como para negarle aquello ¿Verdad?

Besó aquel anillo, cerrando los ojos con un anhelo desesperado. La añoranza le destrozaría. Lo anterior no había sido nada. Perder a sus padres no se comparaba a perder a su amado. ¿Qué sabía ella de amor? Poco. Toda una vida alejada de su propia familia, sin sentimientos más que un leve compañerismo, un fanatismo ciego a sus creencias y un desconocimiento total sobre los sentimientos de esa clase. Se sentía como una chiquilla tonta, de esas que suspiran irremediablemente ante una simple mirada. Y es que si se habían dedicado miradas… Se habían dedicado mucho más.

Los colores no tardaron en aparecer ante tales recuerdos, se tapó la cara, como si alguien pudiera notar como su rostro pálido tomaba el color de su cabellera. Se alertó al notar que el anillo se le resbalaba, por lo que se sostuvo de un brazo mientras con el otro rebuscaba hasta dar con tal pieza. Al tomarla nuevamente, la sostuvo con anhelo, con desesperación, con desolación. Aquello era lo único que tenía, el único recuerdo que le quedaba de su primer amor, y probablemente del único.

Se recostó del todo, tapándose los ojos con un brazo, mientras con su otra mano jugueteaba con el anillo sobre su pecho. Oh, en verdad se sentía devastada. Quería gritar, quería romper en llanto, quería permitirse por una bendita vez en su vida ser la más simple de todas, sin su fachada de serenidad absoluta. Pero así como lo deseaba, lo sabía imposible, no había llegado hasta allí para que otro golpe en su vida la hiciera caer, el sacrificio había sido constante. ¿Qué diría él? Se burlaría, lo sabía, le diría que se preocupaba demasiado, que debía distenderse, que no tenía sentido sacrificarse tanto por algo que al final no tenía sentido.

Soltó una leve risa, apenas audible, lo siguiente dejó de pensarlo antes de que el rojo volviera a sus mejillas. Aquel color mejor lo alejaba, estaba bien en su cabello y armadura y ya. Corrió el brazo y observó el anillo brillar a contraluz, le resultó hasta irónico que tal pieza refulgiera con tal intensidad ante la luz del sol que se filtraba por la ventana teniendo en cuenta que su verdadero propietario tenía en muy baja estima a tal elemento. Recordaba sus burlas, sus dudas ante tal creencia, como le había negado que tal cosa pudiera ayudarle, y allí estaba, su anillo de compromiso brillaba como el sol.

– Anu belore dela’na*-. Murmuró entre dientes antes de besar aquel anillo y ponerse de pie.

Se había terminado el momento de reflexión, era hora de pasar a la acción. Tomaría su venganza. No. No era venganza lo que ella quería, tal vez él si hubiera tenido tal actitud en caso de ser contrario, movería cielo y tierra hasta consumar su venganza. Pero ella era diferente, ambos eran tan irremediablemente diferentes que era impensable el cómo habían conectado. Lo que ella quería era que nadie más sufriera, ni siquiera ella misma, tenía que avanzar, tenía que ir hacia adelante, y tenía que hacerlo por él. ¡Por la fuente del sol! ¡Tenía que avanzar por él!

– No… No avanzaré por ti -. Negó con seguridad observando el anillo, antes de ubicarlo en su dedo anular izquierdo, lo observó brevemente y sonrió con calma, con aquella que le caracterizaba, con una calma que ahora era acompañada por su compañía -. A partir de ahora, tu serás quien me guíe.


Si tú también deseas ser el protagonista de esta sección, no dudes en mandar tu propia historia tal y como se detalla aquí. ¡No importa si nunca antes has escrito un relato, solo ármate de ganas e imaginación y anímate a participar!