¡Buenas! Espero que hayan tenido una agradable semana, y como les dije, aquí esta la segunda parte de este relato. Hora de ver qué más pasó con esta “Guerra Crepuscular” y las terribles consecuencias que tuvo sobre Azeroth. Acompáñenme en la lectura.

World of Warcraft: Fallout – Prólogo

por Rodrigo Rojas Britez

No hay muchos registros que detallen cuanto duró: días, meses o años. Sólo se sabe que se emplearon todo tipo de armas, y a todo tipo de soldados para combatirla: guerreros, magos, sacerdotes, brujos, pícaros, paladines, e incluso druidas y chamanes, pese a la fuerte prohibición de antiguas organizaciones conocidas como el Círculo Cenarion y el Anillo de la Tierra, que habían perdido su influencia en la mayoría de las personas con el correr de los años. Aviones caza, bombarderos y dirigibles cruzaban los cielos, arrasando pueblos y ciudades; tanques, obuses y lanzacohetes mancillaban la tierra que pisaban; imponentes  acorazados, destructores y portaviones recorrían los mares, cercando las costas y atacando los puertos. Los registros mencionan el asedio naval al puerto de Orgrimmar por parte de los humanos; el bombardeo de Ventormenta y Nueva Theramore por parte de los orcos y los elfos de sangre; incluso hay ciertos documentos que citan a orcos y humanos atacando territorio tauren y kaldorei respectivamente, pese a haber declarado su neutralidad junto a los draenei.

 

Parecía que la guerra no tendría fin, y eso cayó en cuenta tanto al Jefe de Guerra de una fracturada Horda, como al líder de la Junta Militar de una imperialista Alianza, por lo que decidieron tomar medidas: emplearían las armas más poderosas jamás creadas por un mortal; tan poderosas que dejarían empequeñecidas a la vieja bomba de maná lanzada por Garrosh sobre la antigua Theramore. Sus aliados lo sabrían, y los acompañarían su ataque. Acabaría con la guerra, y con el enemigo… de UNA VEZ POR TODAS.

Fue así, días antes del Día del Peregrino, y casi setenta años después del Asedio de Orgrimmar, que la guerra, y más de cien años de conflictos armados entre orcos y humanos tuvieron un final, pues su naturaleza destructiva no dio más de sí: misiles termonucleares -y bioquímicos, por parte de los Renegados- fueron lanzados por las naciones de Durotar, Lordaeron, Quel’Thalas, Ventormenta, Nueva Theramore, Gilneas, y las facciones pandaren a sus enemigos, sin distinguir entre combatientes y civiles, enemigos y neutrales: las gloriosas capitales de la Horda y la Alianza -virtualmente inexistentes ya como facciones- quedaron reducidas a cenizas, junto a sus habitantes. El fuego nuclear cayó del cielo, haciendo arder los continentes y hervir los mares; las tierras y las aguas de gran parte del mundo quedaron totalmente inhabitables; los muertos se contaban por millones, pero nadie -ni siquiera los Renegados- sería capaz de sepultarlos o recogerlos; el polvo y la lluvia radiactiva cubrieron casi todo el mundo, oscureciendo la luz del sol, matando a gran parte de la flora y fauna que quedara con vida.

 

La Guerra había terminado, pero nadie quedó para reclamar la victoria: tanto la Horda como la Alianza… Habían sido aniquiladas hasta sus cimientos, y Azeroth había sufrido un destino tal vez peor que el Cataclismo que el de Alamuerte.

 

De nada sirvieron los Augustos Celestiales, ni Los Dragones Aspectos, ni las organizaciones neutrales como la Cruzada Argenta, el Círculo Cenarion, el Anillo de la Tierra, ni los Na’aru, para frenar la guerra. Lejos del conflicto, el Príncipe Negro vio con sumo pesar y rabia las consecuencias de la polarización de Azeroth, jurando aislarse totalmente de un mundo moribundo, al igual que otros vigías del mundo.

 

Los años pasaron, y el mundo trata de curar sus heridas: las viejas ciudades, reinos y facciones son cosa del pasado, muchas especies se han extinguido, muchos pueblos han desaparecido sin dejar legado alguno. Y sin embargo hubo supervivientes, que buscaron un nuevo hogar y fundaron nuevos reinos para empezar de nuevo, recuperar la gloria perdida, y no cometer los errores del pasado. Han surgido nuevas facciones, agrupadas no sólo por la especie, sino por su ideología y modo de vida… Y han surgido nuevos enemigos en un mundo donde casi el 60% del terreno es inhabitable, y los recursos básicos son los más valiosos.

 

Este es el nuevo mundo de Azeroth: World of Warcraft: Fallout.


Si tú también deseas ser el protagonista de esta sección, no dudes en mandar tu propia historia tal y como se detalla aquí. ¡No importa si nunca antes has escrito un relato, solo ármate de ganas e imaginación y anímate a participar!


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