¡Saludos gente bella! Hoy vengo a traerles una historia de lo más curiosa, escrita por Rodrigo Rojas Britez, ya de por si el título me llamó la atención, y debo decirles que es un prólogo, por lo que es apenas la antesala de algo mucho mayor (más le vale porque me quedé con demasiada intriga luego de leerlo). Aquí les traigo la primera parte de dos, para que vayan conociendo esta historia, espero la disfruten.

World of Warcraft: Fallout – Prólogo

por Rodrigo Rojas Britez

La guerra. La guerra nunca cambia.

Se ha dicho que Azeroth es tierra de héroes. Desde el principio de los tiempos ha sido así: la Guerra de los Ancestros, las Tres Grandes Guerras, El Rey Exánime, el Cataclismo de Alamuerte, las batallas de Pandaria. Todas han sido pruebas de poder, de valor, y de honor para las especies de este pequeño mundo sumergido en la Gran Oscuridad del Universo, forjado por los Titanes, y atormentado por conflictos desde el principio de los tiempos.

Y así será, hasta el fin de los tiempos…

 

Tras el derrocamiento de Garrosh durante el asedio de Orgrimar, y el ascenso de Vol’jin, la Horda y la Alianza vivieron años de los que en los tiempos actuales se llamó “La Efímera Primavera”, pues fue un breve y próspero periodo de paz en la que ambas facciones encontraron la forma de llevar una relación armónica: se realizaron tratados comerciales, se reconstruyeron ciudades, pueblos y villas, se realizaron nuevos descubrimientos científicos, y la relación entre las diferentes especies mejoró.

Con el descubrimiento de nuevos recursos como el aluminio y el uranio, comenzó una “Revolución Industrial” encabezada por los goblin y los gnomos, que si bien no creó inicialmente armas de guerra, mejoró los transportes, la producción de energía y creó nuevos inventos que mejoraron la calidad de vida de todos los reinos. Aparecieron masivamente la radio, las redes eléctricas, los automóviles, barcos movidos a vapor y a petróleo, la producción en masa, la conservación de alimentos, entre otros. Las relaciones entre diversas razas mejoró notablemente, y ayudó incluso a descubrir nuevos inventos, como el aprovechamiento del viento y de la energía solar para producir energía, por parte de los tauren y elfos de sangre.

Ciudades como Orgrimmar, Ventormenta, Nueva Theramore, Stromgrade, Entrañas -renombradas Meganecrópilis poco después -, Forjaz, Ciudad Echo, Cerrotajo, Nuevo Taurajo, Astranar, Alcor, Trinquete, Bahía del Botín y Gadgetzan, se llenaron de rascacielos, autopistas y vías de tren, mientras otras como Cima del Trueno, Darnassus, Dalaran y Lunargenta -ya reconstruida totalmente- permanecieron con pocos cambios por motivos culturales. Durante esos años, se vivía felizmente en Azeroth.

Sin embargo, tras esa “dulce primavera” llena de paz, progreso y esperanza en el futuro, vinieron los problemas: tensiones con el proletariado, pobreza, contaminación, desigualdad, viejas rencillas, afectaban a todas las especies de Azeroth. Tanto la Horda como la Alianza se enfocaron en reforzar y acrecentar sus dominios sobre el planeta y sus recursos, al punto de dividir en continente de Pandaria en dos partes mediante un gran muro -uno anexo al Espinazo del Dragón- acabando de una vez por todas con la neutralidad de los pandaren y su efímera República de Pandaria: el mundo se estaba polarizando, y dicho camino solo llevaría a una guerra, como nunca se había visto.

Pronto, tanto dentro de la Horda de Orgrimmar, como en la Alianza de Ventormenta, las exigencias de sus líderes aumentaron a un punto tal que llegaban a ignorar o a desgastar las relaciones con sus propios aliados; a causa de ello, tras una serie de disputas por el uso de sus recursos y sus tierras, los tauren abandonaron la Horda, y poco después, le siguieron los elfos nocturnos con la Alianza, declarando ambos su neutralidad. Los trolls, que habían tenido una fuerte presencia desde el ascenso de Vol’jin, acabaron siendo los más marginados de la Horda tras el ascenso de un nuevo Jefe de Guerra orco seguidor de las ideas de Garrosh, y las Islas del Eco fueron anexadas a Orgrimmar, mientras que los reinos de Forjaz, Gnomegaran y la reconstruida Stromgrade corrieron el mismo destino con Ventormenta, siendo los draenei, los worgen, los pandaren tushui y la ciudad estado de Nueva Theramore los únicos aliados verdaderos de dicho reino.

Conflictos menores entre tauren y orcos, orcos con elfos nocturnos, éstos con los elfos de sangre, los elfos de sangre y los humanos, humanos con no-muertos, e incluso éstos con los mismos sin’dorei y los worgen, así como el conflicto ideológico de los pandaren, fueron el prefacio de una gran guerra que se venía esperando tras la caída de Garrosh: viejas alianzas rotas, nuevas fraguándose, así como nuevos roces. Todo estaba preparado para una nueva guerra, la Guerra que pondría fin a todas ellas: a causa de sus características semejantes a un antiguo culto presuntamente extinguido, en nuestros días se la conoce como: la Guerra Crepuscular.

Continuará…


Si tú también deseas ser el protagonista de esta sección, no dudes en mandar tu propia historia tal y como se detalla aquí. ¡No importa si nunca antes has escrito un relato, solo ármate de ganas e imaginación y anímate a participar!